Cuando las mañanas se despedían del
invierno, los
tejados exhiben la escarcha que la
noche le a regalado.
La burra Robustiana, con su amo a los lomos dejaban atrás el
pueblo, olvidandose el viento de manifestarse, las
chimeneas dejaban escapar esbeltas fumarolas erguidas asta perderse en lo azul del
cielo.
Los trabajos de poda le esperaban a su amo en una viña, a Robustiana, pasar el día estacada en un lindos, en el cual algunos Nabrestos y otras hierbas aguantan los rigores del invierno.
Quizás
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