Piñero, Piñero, Piñero. Solo se puede superar a él mismo. Con viento de fuerza media y fresco del Norte, que azotaba con energía en las
banderas que llevaban algunos
coches y
motos, sobre todo la que lucía el
coche de el yerno del yesista, la cual iba a izada en un esbelto mástil. Dosmil trescientos vehículos a motor, entre coches, motos, quads y tractores, tosdos ellos rodando por los agrestes
campos de
El Piñero. En su mayoría se hallaban dispuestos en un amplio abanico perimetral marcado por la
... (ver texto completo)