En Orihuela y en mi
pueblo, quién no se paró a mirar a un hortelano. En su día detenido en el
camino, para contemplar el trabajo y la fatiga. Ahora el terreno que labraba, vestido de maleza.
Campos donde lloran las
amapolas, por ver aquel camino polvoriento cubierto de espineras. Yaciendo en el suelo de aquel
huerto, los esqueletos de rosales y frutales. Oxidada
noria que reposa, alla donde ni siquiera anidan los gorriones. Alimentando con el
agua clara de la noria, surcos donde crecían plantas verdes
... (ver texto completo)