En la calle 20 de noviembre, justo frente a la iglesia, hay puestos ambulantes con máscaras de látex de vampiros, hombres lobos, y hasta del Che Guevara. Este tipo de competencia entre muertos y Halloween también se ha convertido en una competencia de precios y ofertas de productos que mezclan de manera muy particular las tradiciones indígenas y católicas con toda la parafernalia de Halloween basada en películas extranjeras de horror, tan populares entre adultos y jóvenes.
“Me voy a la escuela ... (ver texto completo)
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