Habían llegado al mundo, unos minutos antes, ahora se encontraba hozando, en las hermosas ubres, de su mamá cerda. ella tumbada unas veces gruñía, otras vez alumbraba, un lechóncillo más. Pasadas unas dos horas, eran once tostóncillos, los que armónicamente, cada uno, tiraba de una de las cálidas tetas, de aquella cerda. Pasaron unos cuántos días, todos allí juntos, llenos de gruñidos y alegría. Esté, él primero de aquella hermosa camada, fue destinado para ir a vivir a una buena casa, lo metieron ... (ver texto completo)