Desde que vivimos en pisos o desde que lo hace la última persona que llega de la
calle, ha perdido significado lo de trancar la
puerta antes de irse a la cama. Anoche bajé a cerrar la cancela de mi
casa y las otras
puertas que dan a la
escalera. Era la primera
noche que, por fin, se había ido el
verano y corría un aire
otoñal, fresco, que me hizo recordar aquellas
noches en que zumbaba el airón y mi padre (le recuerdo sobre todo a él, aunque también lo hacía mi madre), salía a la puerta de la calle,
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