Paré la otra noche de luna llena, investigando, en el robledal del camino de Villavieja a Santigoso. Y apareció, inmenso, ante mí. Ciego de un ojo, pero sin parche, de la cuchillada que le dio al parecer un cazador furtivo, presuntamente forzado a través del esfinter anal. Cojo de una pierna, por la posta de la escopeta de otro cazador aficionado. Horroroso, con el pelo áspero y erizado. Solitario, desde que le mataron la hembra en la Fraga de la Osa para robarle los hijitos para un circo.
Yo lo ... (ver texto completo)
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