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EL CALENDARIO

Es la distribución del tiempo adaptado a las necesidades de la vida civil y religiosa.

El más importante de los períodos de la vida humana es, sin duda ninguna, el día solar verdadero, intervalo de tiempo que transcurre entre dos culminaciones consecutivas del Sol en un mismo meridiano. Otro período que sigue en importancia al día verdadero es el año solar o trópico, tiempo que tarda la Tierra en girar alrededor del Sol y en el que tienen lugar las cuatro estaciones.

El calendario actual está basado principalmente en el año solar y en el día verdadero, que son las dos divisiones naturales del tiempo.

En la antigüedad hubo otro período importante relacionado con las fases de la Luna, del cual se deriva el mes.

La duración del día solar verdadero, tal como lo hemos definido, varía de un día a otro, pues ya es sabido que la Tierra gira alrededor del Sol, según una órbita que no es circular, sino elíptica, en la que el Sol es un foco, y con movimiento no uniforme, sino tal, que las áreas descritas por el radio vector Sol-Tierra son proporcionales a los tiempos empleados en describirlos.

Además, hay que tener en cuenta para la diferente duración de los días solares verdaderos la inclinación del Ecuador sobre el plano de la órbita de la Tierra.

La duración del día en 24 horas es muy remota. Si bien es verdad que en el número 24 han coin-cidido muchos pueblos, no es así en el modo de contar estas horas, ni en el origen del día.

Los antiguos egipcios y los europeos empiezan el día civil a medianoche y cuentan desde cero hasta las doce del mediodía y desde allí otra vez hasta las doce de la noche. En asuntos oficiales mo-dernamente se cuenta hasta las 24 horas (media noche).

Los egipcios distribuían las 24 horas del siguiente modo: doce desde la salida a la puesta del sol durante el día, doce durante la noche, con lo cual las horas eran de diferente duración según fuera de día o de noche y variaba además según los días.

El conjunto de 7 días constituye la semana, período arbitrario astronómicamente considerado. Los pueblos primitivos emplearon este período.

Antes de que fuese conocida la duración del año solar, lo era la de la revolución sinódica de la Luna que dura aproximadamente 29 días y medio. Doce lunaciones forman, por lo tanto, un período de 354 días, que difiere respecto del año solar en 11 días y cuarto.

De esta circunstancia nació acaso la división del año en 12 meses lunares, con lo cual principiaría el año en diferentes estaciones.

Hoy en las naciones más civilizadas el mes no tiene nada que ver con la Luna y es sólo un período arbitrario más o menos adecuado.

El calendario civil procede del calendario romano, con la reforma gregoriana.

La regla que rige la formación del calendario es la siguiente: Todo año se considerará de 365 días, excepto cuando el número formado por sus dos últimas cifras es divisible por 4; por ejemplo, 1812, en cuyo caso tendrá 366 llamándose bisiesto.

Sin embargo, los años que expresan un número exacto de siglos, como, 1700, 1800, etc., no se consideran bisiestos a menos que el número de siglos sea divisible por 4, según ocurre, por ejemplo, con 1600, 2000, etc.

El año tiene 12 meses: enero, 31 días; febrero, 28, ó 29 días, marzo, 31 días, abril 30 días. Mayo 31 días, junio 30 días, julio 31 días, agosto 31 días, septiembre 30 días, octubre 31 días, noviembre 30 días, diciembre 31 días.

El año juliano tenía todos los meses impares: enero, marzo, mayo, julio, septiembre y noviembre de 31 días y los demás 30, excepto febrero en los años bisiestos. Este orden quedó destruido para sa-tisfacer la vanidad de Augusto, dando al mes que lleva su nombre, agosto, 31 días, como julio que se de-dicó a César. Se tomó para ello un día de febrero y se dio a agosto, y, finalmente, para que no vinieran seguidos tres meses de 31 días, se redujeron a 30 días los de septiembre y noviembre, dando a octubre y diciembre 31.

El calendario juliano llegó a dar un error de un día en 128 años; al cabo de algunos siglos de adaptarse este calendario, el equinoccio hubiese corrido hacia el principio del año.

En 325 en que se celebró el Concilio de Nicea, el equinoccio se puso el 21 de marzo, y en 1528 al efectuarse la reforma gregoriana el día 11. Para volver el equinoccio al día 21 de marzo, el Papa Grego-rio XIII, mandó que fueran suprimidos 10 días del calendario y estableció que debía considerarse como no bisiesto el año cuyas cifras fuesen múltiplos de 100, exceptuando los múltiplos de 400 que se consi-derarían bisiestos.

La duración del año solar es de 365 días, 5 horas, 48 minutos, 6 segundos.