CUANDO LA NIEBLA ES MALA COMPAÑERA
Dicen que por la Ribera del Duero la niebla es una mala compañera, debe de ser verdad, hace doscientos años, un señor de esa comarca que fue la Villa de San Martín, que fue el pueblo abandonado y quemado por una peste negra hace siglos, y que sus habitantes se marcharon a vivir a los pueblos del entorno, como son Serrada. La Seca, Rueda. Incluso Tordesillas, les dieron cobijo y siguieron labrando sus viñas, pinares y tierras de cereales con sus prados de ganado vacuno, Estos humanos que algunos siguieron con su apellido de Martín o San Martín, siguieron en sus trabajos de sus antepasados, y los días de niebla del invierno castellano, se marchaban a podar sus viñas o talar parte de sus pinos, Más hubo una vez que un hombre de esos descendientes de La Villa de San Martín, estando podando sus viñas verdejas, viéndose acompañado por su burro en el tajo, viendo que la niebla era cerrada cada momento más, al ser hora de regresar a su localidad, se vio perdido entre la niebla, intento salir de su viña con unos manojos sobre la albarda del asno, y en vez de coger dirección a Serrada, este hombre anduvo como dos kilometros por lo que es ahora mismo es El Camino de La Villa de San Martín. Donde se encontró subiendo esa ladera que lleva a La Poza de La Veguilla, entonces pensó, creo que me he equivocado, tengo que dar la vuelta, la noche se le venia encima, la niebla era cada vez más fría y húmeda, y por fin llegó hasta lo que se llama la Carretera Blanca, cogiendo dirección a su localidad Serrada, desde allí con la niebla de compañera, y envuelto en su manta de campo, aguanto esos tres kilómetros para llegar a su domicilio, donde su esposa le recriminaba el venir tan tarde de su tarea de podador de viñas. La niebla tan solo tenía una visibilidad de unos veinte metros, El Río Duero era el que causaba tantas nieblas en diciembre, y que muchas personas sentían miedo en su entorno, al ser la visibilidad muy reducida, G X Cantalapiedra. 2 – 6 – 2026.
Dicen que por la Ribera del Duero la niebla es una mala compañera, debe de ser verdad, hace doscientos años, un señor de esa comarca que fue la Villa de San Martín, que fue el pueblo abandonado y quemado por una peste negra hace siglos, y que sus habitantes se marcharon a vivir a los pueblos del entorno, como son Serrada. La Seca, Rueda. Incluso Tordesillas, les dieron cobijo y siguieron labrando sus viñas, pinares y tierras de cereales con sus prados de ganado vacuno, Estos humanos que algunos siguieron con su apellido de Martín o San Martín, siguieron en sus trabajos de sus antepasados, y los días de niebla del invierno castellano, se marchaban a podar sus viñas o talar parte de sus pinos, Más hubo una vez que un hombre de esos descendientes de La Villa de San Martín, estando podando sus viñas verdejas, viéndose acompañado por su burro en el tajo, viendo que la niebla era cerrada cada momento más, al ser hora de regresar a su localidad, se vio perdido entre la niebla, intento salir de su viña con unos manojos sobre la albarda del asno, y en vez de coger dirección a Serrada, este hombre anduvo como dos kilometros por lo que es ahora mismo es El Camino de La Villa de San Martín. Donde se encontró subiendo esa ladera que lleva a La Poza de La Veguilla, entonces pensó, creo que me he equivocado, tengo que dar la vuelta, la noche se le venia encima, la niebla era cada vez más fría y húmeda, y por fin llegó hasta lo que se llama la Carretera Blanca, cogiendo dirección a su localidad Serrada, desde allí con la niebla de compañera, y envuelto en su manta de campo, aguanto esos tres kilómetros para llegar a su domicilio, donde su esposa le recriminaba el venir tan tarde de su tarea de podador de viñas. La niebla tan solo tenía una visibilidad de unos veinte metros, El Río Duero era el que causaba tantas nieblas en diciembre, y que muchas personas sentían miedo en su entorno, al ser la visibilidad muy reducida, G X Cantalapiedra. 2 – 6 – 2026.