Las palizas y golpes en el Centro de Falange, detrás de la fábrica de harinas, o en lugares de difícil observancia se multiplicaron. Tortura fue el método de amedrentamiento y confesión. El aceite de ricino, en cantidad sobrepasante, reducía a hombres y mujeres a lamentables piltrafas o guiñapos humanos. Se apuntaba con pistolas y fusiles sobre el pecho de los denunciados para intimidarlos; se cortaba el pelo a las mujeres y se ataba a la bandera; se los llevaba, sin razón alguna, a la Plaza Mayor ... (ver texto completo)