UN DÍA PODANDO EN EL INFIERNO
Un podador trataba de podar esas viñas que eran un tesoro para el vino Verdejo. Siendo un día de esos de niebla cerrada cerca del Río Duero, en el pago del Infierno, al lado de la antigua Carretera Blanca, que conduce de Tordesillas a Serrada, Eran cepas de Verdejo, algunas con siglos en ese terreno donde desde tiempos pasados era su Cuna, La niebla dejaba los sarmientos blancos y congelados, el suelo parecía estar llorando, la temperatura bajaba de cero grados, y el Sol estaba oculto bajo esas nubes bajas que ocasionaban la niebla cerrada, que algunos labradores la llamaban meona, El silencio era absoluto, y no cantaban ni los pájaros gorriones, era un mirar en el entorno y no ver más que esa niebla que asustaba a esos podadores al no poder ver el camino de retorno lejano para su Villa de La Seca, no hubo parada de nada, ni para comer, el hombre de hace cien años, tenía como objetivo hacer su trabajo sin demora, este podador de viñas verdejas iba dejando rastros en la cepas unidos a tallos nuevos, para mantener esa forma de labrar sus viñas con delicadeza. Este hombre pensaba, por qué llamaran a este terreno El Infierno, y el de al lado La Paz, y a la vez Martín Sancho, y un poco más hacia Serrada, estaba la Fuente de La Miel, construida a conciencia con piedras blancas, y muy cerquita las cenizas de lo que fue La Villa de San Martín, poblado quemado para anular la peste negra de hace siglos, sus vecinos ocuparon los lugares más próximos, Serrada. La Seca. Rueda y Tordesillas. Donde lograron iniciar su vida sin más problemas que el recuerdo de aquellas cenizas que yo pude ver hace sesenta y seis años, Eran tiempos difíciles, más hace no muchos años conocimos una peste parecida, fue el día 14. de marzo de 2020, cuando estuvimos en nuestras casas sin poder moverse libremente, para evitar más daños a la ciudadanía, son etapas grises, o mejor dicho lamentables, que no veamos otra pandemia parecida, o incluso peor. G X Cantalapiedra. 21 – 7 – 2026.
Un podador trataba de podar esas viñas que eran un tesoro para el vino Verdejo. Siendo un día de esos de niebla cerrada cerca del Río Duero, en el pago del Infierno, al lado de la antigua Carretera Blanca, que conduce de Tordesillas a Serrada, Eran cepas de Verdejo, algunas con siglos en ese terreno donde desde tiempos pasados era su Cuna, La niebla dejaba los sarmientos blancos y congelados, el suelo parecía estar llorando, la temperatura bajaba de cero grados, y el Sol estaba oculto bajo esas nubes bajas que ocasionaban la niebla cerrada, que algunos labradores la llamaban meona, El silencio era absoluto, y no cantaban ni los pájaros gorriones, era un mirar en el entorno y no ver más que esa niebla que asustaba a esos podadores al no poder ver el camino de retorno lejano para su Villa de La Seca, no hubo parada de nada, ni para comer, el hombre de hace cien años, tenía como objetivo hacer su trabajo sin demora, este podador de viñas verdejas iba dejando rastros en la cepas unidos a tallos nuevos, para mantener esa forma de labrar sus viñas con delicadeza. Este hombre pensaba, por qué llamaran a este terreno El Infierno, y el de al lado La Paz, y a la vez Martín Sancho, y un poco más hacia Serrada, estaba la Fuente de La Miel, construida a conciencia con piedras blancas, y muy cerquita las cenizas de lo que fue La Villa de San Martín, poblado quemado para anular la peste negra de hace siglos, sus vecinos ocuparon los lugares más próximos, Serrada. La Seca. Rueda y Tordesillas. Donde lograron iniciar su vida sin más problemas que el recuerdo de aquellas cenizas que yo pude ver hace sesenta y seis años, Eran tiempos difíciles, más hace no muchos años conocimos una peste parecida, fue el día 14. de marzo de 2020, cuando estuvimos en nuestras casas sin poder moverse libremente, para evitar más daños a la ciudadanía, son etapas grises, o mejor dicho lamentables, que no veamos otra pandemia parecida, o incluso peor. G X Cantalapiedra. 21 – 7 – 2026.