UN CASTELLANO EN GALICIA
Aquel hombre castellano de La Castilla Profunda, aventurero profano que abandonaba su villa. Se enamoró de Galicia con pasiones de locura, y buscó cierta delicia en un amor con dulzura. Una mujer muy gallega le quiso alegrar la vida, y él su tiempo le despliega en buscar de allí salida. Sin razones ni consuelo se fue América Latina, y levantando su vuelo otro final fue su ruina. Los años fueron marcando las cruces de su camino, como un pájaro endiablado lloró por algún destino. Galicia le fue marcando, y en la memoria sentía, muchas horas de ir amando con palabras de armonía. Hoy son otras soledades, y otras raras fantasías, se fue sufriendo verdades, y tuvo tristes porfías. Cuando los años se pasan, cuando son fríos los días, si las promesas traspasas sufres las melancolías. Los años fueron pasando, en la América Latina, sus pasos fueron dejando alguna pena maligna. Cuando se rompen contratos, cuando el viento rompe cimas, existen los malos tratos que todos tienen sus cismas. Ya se fueron sus recuerdos, y sus negras fantasías, los amores que son cuerdos siempre dejan alegrías. Atrás se quedó Galicia, con sus hijos suspirando, aquel tiempo fue delicia al ver los niños jugando. Hoy no le queda camino, es jubilado en complejos, sin saber hoy su destino de Galicia vive lejos. La nostalgia le tortura, la morriña le atormenta, el ayer le da locura mientras su pena se aumenta. Sin andar de aventurero, entre penas que le eclipsan, su sentimiento agorero le diluyeron sus prisas. Hoy no le queda retorno, sus hijos no le reciben, aquel bonito contorno otros caminos perciben. Las flores no se secaron, ni buscaron nuevos signos, muchas veces se regaron con lágrimas de sus hijos. No existe nueva templanza, cuando el amor se ha perdido, cada cual en su balanza tiene el amor elegido. Sin hablarnos de esperanza, sin controlar su camino, el hombre que quiere andanza es penoso su mal signo. En La Castilla Profunda donde se escuchan los grillos, algún lamento fecunda en noches de claros brillos. G X Cantalapiedra.
Aquel hombre castellano de La Castilla Profunda, aventurero profano que abandonaba su villa. Se enamoró de Galicia con pasiones de locura, y buscó cierta delicia en un amor con dulzura. Una mujer muy gallega le quiso alegrar la vida, y él su tiempo le despliega en buscar de allí salida. Sin razones ni consuelo se fue América Latina, y levantando su vuelo otro final fue su ruina. Los años fueron marcando las cruces de su camino, como un pájaro endiablado lloró por algún destino. Galicia le fue marcando, y en la memoria sentía, muchas horas de ir amando con palabras de armonía. Hoy son otras soledades, y otras raras fantasías, se fue sufriendo verdades, y tuvo tristes porfías. Cuando los años se pasan, cuando son fríos los días, si las promesas traspasas sufres las melancolías. Los años fueron pasando, en la América Latina, sus pasos fueron dejando alguna pena maligna. Cuando se rompen contratos, cuando el viento rompe cimas, existen los malos tratos que todos tienen sus cismas. Ya se fueron sus recuerdos, y sus negras fantasías, los amores que son cuerdos siempre dejan alegrías. Atrás se quedó Galicia, con sus hijos suspirando, aquel tiempo fue delicia al ver los niños jugando. Hoy no le queda camino, es jubilado en complejos, sin saber hoy su destino de Galicia vive lejos. La nostalgia le tortura, la morriña le atormenta, el ayer le da locura mientras su pena se aumenta. Sin andar de aventurero, entre penas que le eclipsan, su sentimiento agorero le diluyeron sus prisas. Hoy no le queda retorno, sus hijos no le reciben, aquel bonito contorno otros caminos perciben. Las flores no se secaron, ni buscaron nuevos signos, muchas veces se regaron con lágrimas de sus hijos. No existe nueva templanza, cuando el amor se ha perdido, cada cual en su balanza tiene el amor elegido. Sin hablarnos de esperanza, sin controlar su camino, el hombre que quiere andanza es penoso su mal signo. En La Castilla Profunda donde se escuchan los grillos, algún lamento fecunda en noches de claros brillos. G X Cantalapiedra.