EN EL SIGLO DIECISIETE
Era el año de 1685, aquel matrimonio casi sin ninguna economía, y con dos hijos pequeños que sacar adelante, decidieron marcharse camino del mar, para poder ver nueva tierra y empezar su vida como obreros, de lo que fuera necesario, incluso de la agricultura. Con un burro no muy grande, salieron de La Castilla Profunda, con un mapa que les hizo llegar un amigo desde Santander, y a las tres de la madrugada, de aquel día 3 de septiembre, caminaban al compás del burro, que llevaba su albarda y unas aguaderas, con un poco de comida, agua y uvas, para poder seguir sin pasar demasiado hambre, sus ahorros eran demasiado pequeños. Y el burro de vez en cuando paraban para darle de beber en los lugares donde existían pilones para beber el ganado. Los dos hijos casi siempre subidos sobre el burro, contemplaban pinares y otros montes en su caminar hasta Valladolid, donde pudieron comprar pan en una tahona de las afueras de la ciudad castellana, comprobando lo ancho que era el Río Pisuerga, y siguiendo el camino con dirección a Burgos, donde paraban a dormir sobre las eras de los lugares visitados, donde podían llenar su garrafón de agua, y poder beber en los lugares secos. La economía era fatal, de vez en cuando se apropiaban de la fruta de algún árbol, y el burro se alimentaba de paja y heno de prados y rastrojos. Aquel viaje para la esposa y sus hijos, era la primera vez que salían de su lugar de nacimiento en La Castilla Profunda, pero el deseo de ser un obrero con dignidad y progreso, les mantenía firmes en su viaje al norte de España, y al llegar al Puerto del Escudo, entrando en la provincia de Santander, el marido grito, estamos en la tierra de Castilla que da la salida al Mar Cantábrico. Donde espero tener un trabajo de lo que sea, para poder comer y vivir con dignidad, y sin caciquismo. Aquel sueño se cumplió pronto, a principio del mes de octubre, empezaron a trabajar en una granja de vacas y demás animales, cerca de Laredo, donde pudieron pisar sus arenas tan finas y deliciosas, y en el próximo verano, conocieron la costa de Santander, ilusionados con su futuro y presente. Apenas supieron de su familia castellana, el nuevo territorio les lleno de alegría, y pudieron ser felices, sin tener que soportar calamidades, por la falta del trabajo en su Villa natal. Estos emigrantes, llevaron apellidos de esa Castilla Profunda, a ser su extensión por el mundo entero, y su forma de trabajar con mucho amor y serenidad. G X Cantalapiedra.
Era el año de 1685, aquel matrimonio casi sin ninguna economía, y con dos hijos pequeños que sacar adelante, decidieron marcharse camino del mar, para poder ver nueva tierra y empezar su vida como obreros, de lo que fuera necesario, incluso de la agricultura. Con un burro no muy grande, salieron de La Castilla Profunda, con un mapa que les hizo llegar un amigo desde Santander, y a las tres de la madrugada, de aquel día 3 de septiembre, caminaban al compás del burro, que llevaba su albarda y unas aguaderas, con un poco de comida, agua y uvas, para poder seguir sin pasar demasiado hambre, sus ahorros eran demasiado pequeños. Y el burro de vez en cuando paraban para darle de beber en los lugares donde existían pilones para beber el ganado. Los dos hijos casi siempre subidos sobre el burro, contemplaban pinares y otros montes en su caminar hasta Valladolid, donde pudieron comprar pan en una tahona de las afueras de la ciudad castellana, comprobando lo ancho que era el Río Pisuerga, y siguiendo el camino con dirección a Burgos, donde paraban a dormir sobre las eras de los lugares visitados, donde podían llenar su garrafón de agua, y poder beber en los lugares secos. La economía era fatal, de vez en cuando se apropiaban de la fruta de algún árbol, y el burro se alimentaba de paja y heno de prados y rastrojos. Aquel viaje para la esposa y sus hijos, era la primera vez que salían de su lugar de nacimiento en La Castilla Profunda, pero el deseo de ser un obrero con dignidad y progreso, les mantenía firmes en su viaje al norte de España, y al llegar al Puerto del Escudo, entrando en la provincia de Santander, el marido grito, estamos en la tierra de Castilla que da la salida al Mar Cantábrico. Donde espero tener un trabajo de lo que sea, para poder comer y vivir con dignidad, y sin caciquismo. Aquel sueño se cumplió pronto, a principio del mes de octubre, empezaron a trabajar en una granja de vacas y demás animales, cerca de Laredo, donde pudieron pisar sus arenas tan finas y deliciosas, y en el próximo verano, conocieron la costa de Santander, ilusionados con su futuro y presente. Apenas supieron de su familia castellana, el nuevo territorio les lleno de alegría, y pudieron ser felices, sin tener que soportar calamidades, por la falta del trabajo en su Villa natal. Estos emigrantes, llevaron apellidos de esa Castilla Profunda, a ser su extensión por el mundo entero, y su forma de trabajar con mucho amor y serenidad. G X Cantalapiedra.