LA SECA: RECUERDO AQUELLOS DÍAS...

RECUERDO AQUELLOS DÍAS
Recuerdo aquellos días ventosos y de frío intenso, que en La Castilla Profunda dejaba a los hombres de la agricultura en su casa metidos, esperando que aminorara aquel temporal, que los niños en las escuelas notábamos. Y al llegar a nuestras casas, escuchábamos el sonido del viento en la chimenea, incluso dentro de la cocina, de vez en cuando algún trozo de hollín se caía de las paredes de dicha chimenea. Eran días invernales y muy duros, el agricultor muy abrigado, en ciertos momentos aguantando el temporal, llegaba a su vivienda en mal estado, resfriándose y incluso con toses no agradables, pero en esos días en sus casas, no paraban de efectuar trabajos, como arreglar apeos de labranza, yugos, costillas cabezadas, engrasar el carro, para que no chillara su eje, mientras los árboles y las cepas de los viñedos, sin hojas se movían con la fuerza del viento. En aquellos años de penumbras, eran muy pocos lo que se marchaban a los bares a jugar su partida, los niños bajo un cielo gris con viento racheado, salíamos corriendo del colegio, para llegar cuanto antes se podía a nuestras casas. Eran los inviernos duros de aquella Castilla, que se sentía ser cuna de inmigrantes, las noches con varios grados bajo cero de temperatura, aparecían hasta los cantaros de agua de dentro de las viviendas con hielo, las pilas donde bebían los animales, como mulas burros o incluso las gallinas, se quedaba heladas, había que soltar el agua la tarde noche anterior, para evitar su congelación. Fueron años que te marcaban, eran tiempos de trabajo duro en la agricultura, los niños veíamos a nuestros mayores, como no paraban de trabajar, para poder ganar el dinero con las cosechas recolectadas. La vida no resultaba nada agradable, los braseros en las casas hechos con brasas de las lumbres de sarmientos podados, calentaban comedores y habitaciones, donde abrigadas las camas se aguantaban aquellos días que dejaban sus huellas. Fueron inviernos crudos, la luz en los pueblos se quedaba apagada, o como se decía entonces, se ha ido la luz, y los candiles y faroles, trataban de aminorar esa falta de energía, que entonces solo servía para alumbrar y quizá algunas familias tener su aparato de radio, como se pronunciaba entonces. Hoy desde este lugar donde estoy pasando unos días, estoy viendo el viento forzudo, que mueva palmeras árboles y persianas con una violencia extrema, pero baje a la calle y me acerque al mar, y la temperatura era agradable, no sentí ningún frío, eso si la arena de la playa trataba de volar por encima de los restaurantes de dicha Playa. El paseo que se encuentra bien cuidado, estaba desierto, y se me vinieron a la memoria, aquellos días de viento y frío, cuando los podadores de las viñas, volvían a sus casas, con las cargas de sarmientos sobre sus animales, sobre todo de burros de carga. La memoria funciona sin darla cuerda, es algo que debemos de cuidar, para no ser personas sin pasado, ya que cada uno tenemos nuestro ayer metido en su lugar. Un saludo G X Cantalapiedra.