Del
agua, como de la sangre, y al agua
vengo, entrando a tierra por el agua:
por su ángeles turbios derramados
de costado, agua y aguacero errante,
porque
lluvia también cuando volvía,
como una miel de
piedra en tempestad
sobre el pequeño tambor del corazón.
En la ría, como en un espeso
machete horizontal, tanta indecisión de ida
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