Se cuenta una anécdota de un mutilado de guerra que quiso colocarse de bedel en una oficina del Estado, en los años de la dictadura. Pero al hombre le denegaron la
plaza sin saber el motivo. Al interesarse de las razones de su rechazo le respondieron que como era mutilado de sus atributos masculinos -un balazo en el bajo vientre, como al invicto- y allí se pasaban toedo el día tocándose los güevos... pues no era plaza para él.
Si non e vero e ben trovato.