SOBRE EL ALMA FEMENINA
Aceptando que el alma es asexuada y que es cuestión de hormonas principalmente lo que diferencia a mujeres y hombres, existen acepciones que dan un carácter ilustrativo y estilístico que no se deben desdeñar. Reconozco la dificultad de penetrar en el alma femenina sin poseerla. Siendo difícil conocer la propia, tanto más será conocer la del otro sexo: tan sensible, tan acogedora y amorosa, tan distinta. Uno que se declara admirador de todas las potencias, atributos y derivaciones del alma femenina, tiene que confesar que nunca la comprenderá como para emitir un juicio desapasionado. El comportamiento de la mujer compañera y amiga, tan cariñosa, paciente y generosa; el de la mujer amante, con su disponibilidad y entrega o pasividad y asepsia, según las circunstancias; en todos los casos su abnegación ternura y comportamiento psicológico, constituyen una terapia para la mente indagadora y vacilante del varón. De todas las facetas que uno encuentra en la diversidad de este maravilloso ser, la más compleja y apasionante es la maternidad. Cómo saber lo que una madre siente por la criatura con quien formó unidad; que ha vibrado a la misma tasa; que ha compartido sangre y vida. No podemos ser tan osados como para juzgar actitudes que escapan a unos sentimientos de magnitud distinta. Es posible que el papel del padre será de utilidad cuando haya de coeducar al ser ya nacido y casi criado; para que los malos genios, caprichos y egoísmos (que a esa edad se dejan notar más porque el conocimiento no los disimula), puedan ser conducidos con mayor objetividad, por cauces de normalidad que difícilmente utilizarían los siempre subjetivos de la madre. Es en esta misión donde la mujer desarrolla, en la mayoría de los casos, la plena realización personal. La naturaleza dota a cada sexo de los elementos precisos para que las especies evolucionen, tanto en las formas de vida más complejas, como en las más elementales y simplificadas. En el caso del padre, el papel complementario y no imprescindible, puede conducir a una marginación en la que se definan dos grupos dentro de la familia: la madre con sus hijos por un lado y el frustrado padre por el otro. Además del necesario tacto femenino para actuar de fiel en la balanza, sólo los hombres que utilicen suficiente dosis de ternura, tendrán la oportunidad de disfrutar plenamente de los hijos, en el plano afectivo, evitando la ruptura de la deseada unidad familiar. Los hijos son una parte importante en la vida de la pareja; pero no la única. Hemos de admitir que del equilibrio armónico del alma femenina en la familia, dependerá el futuro, porque el alma femenina es también el alma del mundo.
Un abrazo, amigos de Soria ... (ver texto completo)
Aceptando que el alma es asexuada y que es cuestión de hormonas principalmente lo que diferencia a mujeres y hombres, existen acepciones que dan un carácter ilustrativo y estilístico que no se deben desdeñar. Reconozco la dificultad de penetrar en el alma femenina sin poseerla. Siendo difícil conocer la propia, tanto más será conocer la del otro sexo: tan sensible, tan acogedora y amorosa, tan distinta. Uno que se declara admirador de todas las potencias, atributos y derivaciones del alma femenina, tiene que confesar que nunca la comprenderá como para emitir un juicio desapasionado. El comportamiento de la mujer compañera y amiga, tan cariñosa, paciente y generosa; el de la mujer amante, con su disponibilidad y entrega o pasividad y asepsia, según las circunstancias; en todos los casos su abnegación ternura y comportamiento psicológico, constituyen una terapia para la mente indagadora y vacilante del varón. De todas las facetas que uno encuentra en la diversidad de este maravilloso ser, la más compleja y apasionante es la maternidad. Cómo saber lo que una madre siente por la criatura con quien formó unidad; que ha vibrado a la misma tasa; que ha compartido sangre y vida. No podemos ser tan osados como para juzgar actitudes que escapan a unos sentimientos de magnitud distinta. Es posible que el papel del padre será de utilidad cuando haya de coeducar al ser ya nacido y casi criado; para que los malos genios, caprichos y egoísmos (que a esa edad se dejan notar más porque el conocimiento no los disimula), puedan ser conducidos con mayor objetividad, por cauces de normalidad que difícilmente utilizarían los siempre subjetivos de la madre. Es en esta misión donde la mujer desarrolla, en la mayoría de los casos, la plena realización personal. La naturaleza dota a cada sexo de los elementos precisos para que las especies evolucionen, tanto en las formas de vida más complejas, como en las más elementales y simplificadas. En el caso del padre, el papel complementario y no imprescindible, puede conducir a una marginación en la que se definan dos grupos dentro de la familia: la madre con sus hijos por un lado y el frustrado padre por el otro. Además del necesario tacto femenino para actuar de fiel en la balanza, sólo los hombres que utilicen suficiente dosis de ternura, tendrán la oportunidad de disfrutar plenamente de los hijos, en el plano afectivo, evitando la ruptura de la deseada unidad familiar. Los hijos son una parte importante en la vida de la pareja; pero no la única. Hemos de admitir que del equilibrio armónico del alma femenina en la familia, dependerá el futuro, porque el alma femenina es también el alma del mundo.
Un abrazo, amigos de Soria ... (ver texto completo)