"Sexo y mentiras por Paloma Pedrero
Una de las impresiones que me han acompañado a lo largo de mi vida adulta es que las personas no eran sinceras cuando hablaban de sexo. El hecho de ser un tema tabú puede justificar el que sintamos vergüenza o temor a tocar este tema con sinceridad. Pero creo que no es sólo por eso. Pienso que hay algo más. Hay una tan enorme construcción cultural sobre lo que es o debería ser lo bueno en este terreno, que nadie se atreve a ponerlo en duda. Es como jugarse el prestigio personal, como cuestionar un asunto del que se ha escrito tanto y se ha hablado de tanto que uno, con su humilde individualidad, no tiene el menor crédito. Es más, la autenticidad en esta cuestión puede hacerte sentir como un bicho raro y, por ende, sentir pánico a que los otros piensen lo mismo. Pero fíjense, esa construcción sobre cómo es o debe ser la sexualidad humana ha estado basada en mentiras. Por ejemplo, hasta casi finales del siglo XX -o sea, anteayer- nadie se atrevía a cuestionar que la mujer tenía orgasmos con la penetración masculina. Tuvo que llegar el informe Hite para atreverse a desmentirlo y que todas respirásemos aliviadas. Vale, no soy una discapacitada, pensamos muchas. Pues bien, yo creo que así es con casi todo. Porque se han creado esquemas rígidos y falsos. Porque la sexualidad, como muchas otras cosas, es algo muy personal, muy diferente de unos humanos a otros.
El género, la edad, la educación, la condición, la experiencia, la inteligencia, la sensibilidad, etcétera, de cada uno, conforman diferentes tipos de necesidades y vivencias que hacen imposible hablar del sexo como algo general. Creo que ya va siendo hora de romper falsos mitos y empezar a hablar desde la verdad de cada uno. Quitaría un gran peso de encima a la mayoría.
La Razón. es. 20 febrero 2009" ... (ver texto completo)
Una de las impresiones que me han acompañado a lo largo de mi vida adulta es que las personas no eran sinceras cuando hablaban de sexo. El hecho de ser un tema tabú puede justificar el que sintamos vergüenza o temor a tocar este tema con sinceridad. Pero creo que no es sólo por eso. Pienso que hay algo más. Hay una tan enorme construcción cultural sobre lo que es o debería ser lo bueno en este terreno, que nadie se atreve a ponerlo en duda. Es como jugarse el prestigio personal, como cuestionar un asunto del que se ha escrito tanto y se ha hablado de tanto que uno, con su humilde individualidad, no tiene el menor crédito. Es más, la autenticidad en esta cuestión puede hacerte sentir como un bicho raro y, por ende, sentir pánico a que los otros piensen lo mismo. Pero fíjense, esa construcción sobre cómo es o debe ser la sexualidad humana ha estado basada en mentiras. Por ejemplo, hasta casi finales del siglo XX -o sea, anteayer- nadie se atrevía a cuestionar que la mujer tenía orgasmos con la penetración masculina. Tuvo que llegar el informe Hite para atreverse a desmentirlo y que todas respirásemos aliviadas. Vale, no soy una discapacitada, pensamos muchas. Pues bien, yo creo que así es con casi todo. Porque se han creado esquemas rígidos y falsos. Porque la sexualidad, como muchas otras cosas, es algo muy personal, muy diferente de unos humanos a otros.
El género, la edad, la educación, la condición, la experiencia, la inteligencia, la sensibilidad, etcétera, de cada uno, conforman diferentes tipos de necesidades y vivencias que hacen imposible hablar del sexo como algo general. Creo que ya va siendo hora de romper falsos mitos y empezar a hablar desde la verdad de cada uno. Quitaría un gran peso de encima a la mayoría.
La Razón. es. 20 febrero 2009" ... (ver texto completo)