Ayer pasé por el lado del nido de chotacabras y ví que un pequeño polluelo se escondia entre las alas de uno de sus progenitores. No digo macho ni hembra puesto que desconozco sus costumbres y no se si se turnan en sus tareas. Como no le hice marchar no se si habrán salido los dos; pero es lo más seguro que sí. Viendo a esta madre o padre sufriendo todo el santo día el sol en sus espaldas he llegado a pensar en lo sacrificado que es ser padres incluso entre los animales, en el caso que nos interesa, las aves. De los humanos tengo la suficiente experiencia sobre mis costillas y en las de mis semejantes. Pienso en el sol que nos caía todos los días de verano sobre las espaldas desde salía hasta que se escondía, sobre todo segando a hoz que era un trabajo supermalo. Y aún decían que al segador: Sol. La madre que los parió...Un abrazo.