Pero por mucho que las ensoñaciones de la infancia envuelvan con un aura de idealización los tiempos pasados, no podrán evitar el suplicio que suponían aquellos viajes interminables a poco largos que fueran los trayectos. Y si se salía de la provincia ya lo eran todos. Lejana Pamplona, lejano Madrid, lejanísima Sierra de Mágina de la abuela Isabel. Ocho horas, medio día, ¡un día con su noche! Bastas cortinillas raídas, cristales opacos de tanta mugre acumulada, duros e incómodos asientos de los vagones ... (ver texto completo)
Bonito relato Manuel. Haces gala de buena memoria y bastantes años. Pensaba que lo de la carbonilla y la suciedad en los retretes era de otros tiempos. Has omitido la "parada y fonda", que se hacía para reponer fuerzas y evitar el estrés. Como se salía de viaje sin prisas, sin prisas se llegaba.
Un abrazo
Un abrazo