Ha sido pura casualidad. No os voy a contar como es mi trabajo porque seguro que no os interesa lo más mínimo. Pero sí os puedo decir que hay momentos que necesito buscar un escape, trepar al tejado de la imaginación o recluirme en un rincón silencioso y mirar todo desde una cierta distancia para aplacar los impulsos. Pero en esos momentos se interrumpe mi concentración y se desboca mi memoria, que he conseguido mantener aletargada gracias a la tensión absoluta que exige lo que estoy haciendo o diciendo ... (ver texto completo)