Trazó las curvas de la vida con la misma habilidad que las de las mil carreteras de España, esaa que fueron su casa y parte de su familia durante muchos años. Se conocía cada tramo, cada cambio de rasante y cada cruce al dedillo, y en su cabeza almacenaba una fotografía de cada uno de los baches a los que se enfrentaba en ess noches heladas de invierno o en esas tardes de siesta de verano. Pero en su cabeza tenía muchas más cosas y entre ellas su amor a flor de piel por Blacos y sus gentes. Después ... (ver texto completo)