En aquel campo había un valle, en el valle un prado, y en el prado se erguía todavía joven un peral. Pero pasaron los años y el árbol se encorvó, se agrietó, y se secó. Parece que lo estoy viendo justo delante mi. Resulta que un día inclemente, cubierto el cielo de nubes negras, vino a ser de mal augurio y peores hechos. Las fuerzas de Natura mascullaban su fin. Y el viento aullaba como lobo entre las ramas del pobre árbol. La amenazante tormenta se desató por fin con furia. Sin embargo, en verano, ... (ver texto completo)