Desde otra perspectiva podríamos llegar a la conclusión de que la crisis actual no es sólo consecuencia de lss "bankias" y similares, sino de todo un conglomerado de múltiples, variadas y variopintas convergencias de las que casi nadie escapamos aunque la participación de unos en relación con las de otros a este desmadre se encuentre en la proporción de mil a uno, es decir, a tí te permito que defraudes uno mientras yo defraudo mil. O dicho de otro modo más popular: entre todos hemos matado lo que debiera ser una situación normal, tranquila y hasta próspera, y sin embargo "ella sóla se murió". El mal ejemplo se extiende como un virus y..., ¡tonto el que no lo aproveche!.
Me voy a referir a un sólo caso que es noticia en estos días: la dimisión del Presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Dívar, hecho que ha tenido lugar como consecuencia de que, al parecer, durante el año 2011 había hecho uso de dinero público para sufragarse los gastos particulares de no sé cuantos viajes no suficientemente justificados desde el lugar de su destino en Madrid a la ciudad ribereña de Marbella. Por supuesto, tal dimisión es recibida con aplauso toda vez que, nada menos desde tan alta instancia se reconoce el uso y abuso de la toga para menesteres que, según los denunciantes, nada tienen que ver con el recto ejercicio de la profesión, actitud tanto más censurable en este caso cuanto lo es la altura del puesto que se desempeña.
Pero dicho lo que precede, tan censurable lo es el que, el hecho de haberse descubierto el fraude por los propios compañeros del defenestrado, no lo ha sido tanto por el afán de contribuir a la honestidad y a la regeneración de actitudes no acordes con el respeto al uso de los dineros públicos, ó a la rectitud, seriedad y rigor con que deben ser usados, sino más bien a rencillas internas que, de no haber existido, quizá no hubiéramos llegado a tener conocimiento de la proliferación de estos escandalosos dispendios a costa del erario público.
De fuentes dignas de consideración fiable, sabemos después que, "en el propio Consejo General del Poder Judicial, por cada uno de los vocales que lo integran, la media de lo derrochado en viajes durante el año 2011 casi triplica lo gastado por Carlos Dívar, obligado a dimitir tras una desmesurada y sucia campaña contra él". Y añaden las mismas fuentes: la tórpida maniobra empieza ahora a desenmascararse; ciertas rencillas internas están en la clave para entender lo ocurrido. "Dívar se negó a proponer como Defensora del Pueblo a una vocal del CGPG, y también se negó a promocionar a uin vocal conservador como ministro de Justicia".
"Ahora, -según las mismas fuentes- que ya es demasiado tarde, nos enteramos que al propio Dívar, para no perjudicar al CGPJ, le inclinó al silencio para evitar la publicidad de que sólo en el año 2011 los vocales derrocharon 400.996 euros en viajes por España, a los que hay que añadir 360.088 en desplazamientos internacionales, más 295.271 € por escoltas y conductores. Un desplifarro asombroso que pagan los contribuyentes españoles, sangrados a impuestos casi confiscatorios".
Ahí queda eso, amigos.
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