En tiempos de Carnestolendas, cuando Don Carnal, en lucha con Doña Cuaresma, se hace presente en la calles, corifeo de sus alegres, bullangueros y adoctrinados prosélitos y seguidores en litúrgicas celebraciones y manifestaciones, dispuesto como visitante curioso y fisgón al entretenimiento y disfrute en compañía de mi esposa e hijos de tales actos profanos y libertinos, transgresores y críticos con la moral y costumbres al uso, no exentos de ironía, agudeza e ingenio, mordaces y cáusticos, me sucedió ... (ver texto completo)