Bonita historia la de Victoriano el sordo, pero ya la conocía (¿será porque la han contado en mi casa en multitud de veces?). A mí me gusta más aquella en la que volvió de Ledesma donde le habían llevado detenido por ese delito cada vez menos extendido que se llama "pensar"; volvió una mañana entre la niebla, como un resucitado, porque todos ya lo creían fusilado. Un joven sobrino le encontró a la altura de la puente de la villa y corrió con los ojos arrasados por las lágrimas a abrazarle. Yo no ... (ver texto completo)