La zona en la que estábamos ubicados era la más selecta de la sociedad, teníamos visitas de alta alcurnia, de todos los márgenes políticos: algunas veces venían seguidores de la Falange o radicales separatistas; aquí se hablaba con todos y, lo mismo azules que rojos, se les movía la gracia discrepando amabilidad profesional,” bailando de buena guisa”. Los negocios son así, se admite la educación y el respeto a distintas opiniones en tanto que hagan y paguen sin molestar. Y crece amistad entre unos y otros que inciden a diario en sus compras sin importarles el color de sus camisas.