Como resultado de toda una serie de circunstancias adversas, con repetidos azotes de epidemias o de hambrunas, malas cosechas, devastaciones
militares y catástrofes naturales se frena el crecimiento demográfico allá por la tercera década del S. XIV, con lo que los
pueblos no volvieron a exigir demandas de tierra de labor. Da la sensación que la población rural trata de encontrar un régimen demográfico distinto, debido a los atropellos sistemáticos de los poderosos y al aumento de la mortandad, con
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