El
pueblo no huele por las
fábricas de curtidos, que también, ni por las naves de chapa, ni por las
ovejas, sino que el pueblo huele mal porque el
Ayuntamiento no limpia el arroyo que lleva las
aguas sucias y el basurero que al prenderle se viene todo el olor hacia el pueblo. Además, al que no le guste los olores de pueblo que se vaya a la capital o que se haga una
casa en el medio del
campo.
Un par de curtidores sí que cumplen la normativa de depurar las aguas sucias de su negocio porque se han
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