Veloz como el viento.
A medida que sus fuerzas se agotaban, Sadako pensaba cada vez más en la muerte. ¿como sería vivir en una montaña celestial? ¿dolería morirse, o sería simplemente como quedarse dormida?. ¡Si al menos pudiera dejar de pensar en ello... ¡Pero era como tratar de detener la lluvia. Apenas lograba concentrarse en otra cosa. a su mente volvía, de repente, el pensamiento de la muerte.
Hacia mediados de octubre, Sadako perdió la noción del día y de la noche. En una ocasión, al despertar, vio a su madre llorando al pie de la cama.-No llores - le rogó -por favor, no llores. Hubiera querido decirle más cosas, pero tenía la lengua y la boca inmóviles. Una lágrima rodó por su mejilla. ¡Le estaba causando tanto dolor a su madre! Y ella lo único que podía hacer eran grullas de papel y esperar un milagro... Le daba vueltas, torpemente al papel que tenía entre las manos. Sus dedos entumecidos ya no podían doblarlo.--Ni siquiera puedo hacer una grulla.--se dijo a si misma--Ciertamente me he convertido en una calamidad. Lenta muy lentamente, Sadako intentó con todas sus fuerzas, doblar el papel antes de sumergirse en una total oscuridad. Debieron de transcurrir sólo minutos, o tal vez horas, antes de que el doctor Numata entrara en la habitación y tocara la frente de Sadako. Retiró con cuidado el papel de las manos de la niña, quien apenas alcanzó a oir palabras: Sadako, es hora de descansar. Mañana podrás hacer más grullas. Sadako asintió con la cabeza. ¡mañana! ¡mañana! parecía tan lejos tan distante...! Cuando volvió a despertar, su familia estaba allí, a su lado. Sadako les sonrió. Ella era parte, y siempre lo sería, de aquel círculo amorosa y tierno. Nada ni nadie podría cambiar eso.
Unas luces diminutas comenzaron a bailar en sus ojos. Extendió su delgada y temblorosa mano hasta tocar la grulla dorada. La vida se le iba del cuerpo, pero el contacto con la grulla le infundió valor.
Alzó la vista hacia el techo donde colgaba la bandada de grullas y vió como la ligera brisa de otoño las mecía suavemente. Era como si fuesen a levantar el vuelo a través de la ventana abierta. ¡Que bellas y qué libres eran!
Sadako suspiró y sus ojos se cerraron para siempre.
Sadako Sasaki falleció el día 25 de octubre de 1955. Sus compañeros de clase hicieron otras trescientas cincuenta y seis grullas para poder enterrar mil junto a Sadako. Su deseo, en cierta forma se cumplió. Sadako vive y vivirá en el corazón de las personas por mucho tiempo. Poco después de su muerte, sus compañeros de clase reunieron todas sus cartas y las publicaron en un libro. Lo titularon " Kokeshi" como el nombre de la muñeca que ellos le habían regalado durante su estancia en el hospital. El libro circuló por todo Japón y pronto la gente conoció la historia de Sadako y las mil grullas de papel.
Los amigos de Sadako comenzaron a soñar con la idea de dedicar un monumento a Sadako y a todos los niños que habían muerto a consecuencia de la bomba atómica. Niños y niñas, a traves de todo el pais, ayudaron a recaudar fondos para este proyecto. Finalmente el sueño se hizo realidad y en 1958 fue inaugurada una estatua en el Parque de la Paz, en Hiroshima. Allí está Sadako, de pie, sobre una montaña de granito que simboliza el pareiso. Con los brazos extendidos al cielo, sosteniendo en sus manos una grulla dorada.. En su honor se creó un " Club de grullas de papel " y todos los años el 6 de agosto, Día de la Paz, sus mienbros solocan miles de grullas de papel a los pies de la estatua de Sadako, a la vez que repitan el deseo grabado en la base:
" Este es nuestro grito,
es nuestra plegaría;
que haya paz en el mundo ".
saludos a todos... hasta la vuelta.
A medida que sus fuerzas se agotaban, Sadako pensaba cada vez más en la muerte. ¿como sería vivir en una montaña celestial? ¿dolería morirse, o sería simplemente como quedarse dormida?. ¡Si al menos pudiera dejar de pensar en ello... ¡Pero era como tratar de detener la lluvia. Apenas lograba concentrarse en otra cosa. a su mente volvía, de repente, el pensamiento de la muerte.
Hacia mediados de octubre, Sadako perdió la noción del día y de la noche. En una ocasión, al despertar, vio a su madre llorando al pie de la cama.-No llores - le rogó -por favor, no llores. Hubiera querido decirle más cosas, pero tenía la lengua y la boca inmóviles. Una lágrima rodó por su mejilla. ¡Le estaba causando tanto dolor a su madre! Y ella lo único que podía hacer eran grullas de papel y esperar un milagro... Le daba vueltas, torpemente al papel que tenía entre las manos. Sus dedos entumecidos ya no podían doblarlo.--Ni siquiera puedo hacer una grulla.--se dijo a si misma--Ciertamente me he convertido en una calamidad. Lenta muy lentamente, Sadako intentó con todas sus fuerzas, doblar el papel antes de sumergirse en una total oscuridad. Debieron de transcurrir sólo minutos, o tal vez horas, antes de que el doctor Numata entrara en la habitación y tocara la frente de Sadako. Retiró con cuidado el papel de las manos de la niña, quien apenas alcanzó a oir palabras: Sadako, es hora de descansar. Mañana podrás hacer más grullas. Sadako asintió con la cabeza. ¡mañana! ¡mañana! parecía tan lejos tan distante...! Cuando volvió a despertar, su familia estaba allí, a su lado. Sadako les sonrió. Ella era parte, y siempre lo sería, de aquel círculo amorosa y tierno. Nada ni nadie podría cambiar eso.
Unas luces diminutas comenzaron a bailar en sus ojos. Extendió su delgada y temblorosa mano hasta tocar la grulla dorada. La vida se le iba del cuerpo, pero el contacto con la grulla le infundió valor.
Alzó la vista hacia el techo donde colgaba la bandada de grullas y vió como la ligera brisa de otoño las mecía suavemente. Era como si fuesen a levantar el vuelo a través de la ventana abierta. ¡Que bellas y qué libres eran!
Sadako suspiró y sus ojos se cerraron para siempre.
Sadako Sasaki falleció el día 25 de octubre de 1955. Sus compañeros de clase hicieron otras trescientas cincuenta y seis grullas para poder enterrar mil junto a Sadako. Su deseo, en cierta forma se cumplió. Sadako vive y vivirá en el corazón de las personas por mucho tiempo. Poco después de su muerte, sus compañeros de clase reunieron todas sus cartas y las publicaron en un libro. Lo titularon " Kokeshi" como el nombre de la muñeca que ellos le habían regalado durante su estancia en el hospital. El libro circuló por todo Japón y pronto la gente conoció la historia de Sadako y las mil grullas de papel.
Los amigos de Sadako comenzaron a soñar con la idea de dedicar un monumento a Sadako y a todos los niños que habían muerto a consecuencia de la bomba atómica. Niños y niñas, a traves de todo el pais, ayudaron a recaudar fondos para este proyecto. Finalmente el sueño se hizo realidad y en 1958 fue inaugurada una estatua en el Parque de la Paz, en Hiroshima. Allí está Sadako, de pie, sobre una montaña de granito que simboliza el pareiso. Con los brazos extendidos al cielo, sosteniendo en sus manos una grulla dorada.. En su honor se creó un " Club de grullas de papel " y todos los años el 6 de agosto, Día de la Paz, sus mienbros solocan miles de grullas de papel a los pies de la estatua de Sadako, a la vez que repitan el deseo grabado en la base:
" Este es nuestro grito,
es nuestra plegaría;
que haya paz en el mundo ".
saludos a todos... hasta la vuelta.