Un día kenji no apareció en el patio. Esa misma noche ya tarde, Sadako oyó el ruido de las ruedas de una cama por el pasillo. Al poco rato entró Yasunaga para decirle que Kenji había muerto. Sadako se volvió contra la pared y dejó que las lágrimas corrieran libremente por sus mejillas.
Luego sintió las suaves manos de la enfermera sobre su hombro: -Si quieres nos sentamos cerca de la ventana a charlas un rato--le dijo Yasunaga dulcemente.
Cuando por fin Sadako dejó de llorar, alzó la vista hacia el cielo iluminado por la luna y le preguntó a la enfermera;- ¿Tú crees que Kenji está allá arriba en una estrella?--Dondequiera que se encuentre, estoy segura de que se siente feliz--le respondió la enfermera--Se ha deshecho por fin de su cuerpo enfermo y cansado y su espíritu es libre nuevamente.
Sadako permaneció callada, escuchando el ruido de las hojas del arce crujir con el viento.
-Ahora me toca a mi ¿verdad?--suspiró Sadako de repente.-- ¡Por supuesto que no!--le contestó la enfermera con firme movimiento de cabeza. Colocó unos papeles de colores sobre la cama de Sadako--Vamos, déjame ver como hacer una grulla antes de dormirte. Una vez que llegues a las mil, vivirás hasta ser muy viejecita... Sadako trató de convencerse a si misma de que sería cierto. Con cuidado dobló los papeles y pidió que su deseo se convirtiese en realidad. Cuatrocientas sesenta y tres.
Cuatrocientas sesenta y cuatro...
Luego sintió las suaves manos de la enfermera sobre su hombro: -Si quieres nos sentamos cerca de la ventana a charlas un rato--le dijo Yasunaga dulcemente.
Cuando por fin Sadako dejó de llorar, alzó la vista hacia el cielo iluminado por la luna y le preguntó a la enfermera;- ¿Tú crees que Kenji está allá arriba en una estrella?--Dondequiera que se encuentre, estoy segura de que se siente feliz--le respondió la enfermera--Se ha deshecho por fin de su cuerpo enfermo y cansado y su espíritu es libre nuevamente.
Sadako permaneció callada, escuchando el ruido de las hojas del arce crujir con el viento.
-Ahora me toca a mi ¿verdad?--suspiró Sadako de repente.-- ¡Por supuesto que no!--le contestó la enfermera con firme movimiento de cabeza. Colocó unos papeles de colores sobre la cama de Sadako--Vamos, déjame ver como hacer una grulla antes de dormirte. Una vez que llegues a las mil, vivirás hasta ser muy viejecita... Sadako trató de convencerse a si misma de que sería cierto. Con cuidado dobló los papeles y pidió que su deseo se convirtiese en realidad. Cuatrocientas sesenta y tres.
Cuatrocientas sesenta y cuatro...