VILLAOLIVA: Los ojos de Sadako se llenaron de lágrimas. ¡Que bondadosa...

Los ojos de Sadako se llenaron de lágrimas. ¡Que bondadosa era Chizuko al pensar en ella y traerle un amuleto de buena suerte! Más aún cuando sabia perfectamente que su amiga no creía en esas cosas. Sadakp tomó en sus manos la grulla dorada y pidió un deseo. Una sensación rara recorrió todo su cuerpo al tocarla. Debía de ser un buen presagio.
-Muchas gracias Chizuko chan- dijo en voz baja- Nunca me separaré de ella.
Cuando Sadako tomó una hoja de papel y comenzó a doblarla, se dio cuenta que no era nada fácil. Con la ayuda de Chizuko, aprendió a hacer lo más complicado. Una vez que hizo diez, Sadako las colocó en fila sobre la mesa, junto a la grulla dorada. Algunas habían quedado un poco ladeadas, pero era solo el comienzo.
-Ya solo me faltan novecientas noventa- dijo Sadako.
Con la grulla dorada a su lado, se sentía segura y protegida. Y en pocas semanas podría completar las mil. Para entonces ya estaría lo suficientemente restablecida como para irse a casa.
Aquella tarde, Masahiro le trajo a Sadako los deberes de la escuela. Al ver las grullas de papel, dijo; -No hay suficiente espacio en esta mesa tan pequeña para ponerlas todas. Te las colgaré del techo.
Sadako lo miró con una sonrisa.
¿me prometes que vas a colgar todas las grullas que yo haga?
Masahiro asintió.
¡Estupendo!- Dijo Sadako con una mirada burlona- entonces colgarás mil!
¿mil?- gritó su hermano.- ¡estás bromeando!
Sadako le contó la historia de las grullas.
Masahiro se pasó la mano por su liso cabello negro.
-Me has tomado el pelo- dijo con una sonrisa-Pero un trato es un trato y lo cumpliré.
Pidió prestados a la enfermera hilo y chinchetas y colgó las diez primeras en el techo. La grulla dorada quedó sobre la mesa, ocupando un puesto de honor.
Después de la cena, la señora Sasaki llevó a Mitsue y a Eiji al hospital. Todos se quedaron sorprendidos al ver las aves. A la señora Sasaki le hicieron recordar el famoso poema:
"De papeles de colores,
emprendieron las grullas el vuelo
hasta entrar en nuestra casa"
A Mitsue y a Eiji la que más les gustó fue la grulla dorada. Pero la señora Sasaki escogió la más pequeñita, hecha de un papel verde muy fino, con dibujos de parasoles rosas.