En medio del alboroto general, Sadako se olvidó por un instante de su secreto. Dejó que la alegría contagiosa del momento borrara sus preocupaciones. Al final del día echó una carrera a casa de Masahiro y lo ganó con mucha ventaja. En la puerta colgaban unos símbolos dorados de buena suerte que la señora Sasaki había colocado para que protegieran a la familia.
Con un comienzo así, ¿como iba a sucederles nada malo?.
Ya no es un secreto
Durante varias semanas pareció como si las oraciones y los símbolos de buena suerte hubieran dado resultado. Sadako volvía a sentirse fuerte y saludable, y corría cada vez más rápido.
Pero todo cambió un frío día del mes de febrero. Sadako corría en el patio de la escuela. De repente, todo comenzó a darle vueltas y se derrumbó en el suelo. Uno de los maestros corrió a su lado para prestarle auxilio.
-Es que... quizá esté un poco cansada--dijo Sadako con voz débil.
Trató de ponerse en pie, pero las piernas le flaquearon y cayó de nuevo. El maestro mandó entonces a Mitsue a avisar al señor Sasaki.
Con un comienzo así, ¿como iba a sucederles nada malo?.
Ya no es un secreto
Durante varias semanas pareció como si las oraciones y los símbolos de buena suerte hubieran dado resultado. Sadako volvía a sentirse fuerte y saludable, y corría cada vez más rápido.
Pero todo cambió un frío día del mes de febrero. Sadako corría en el patio de la escuela. De repente, todo comenzó a darle vueltas y se derrumbó en el suelo. Uno de los maestros corrió a su lado para prestarle auxilio.
-Es que... quizá esté un poco cansada--dijo Sadako con voz débil.
Trató de ponerse en pie, pero las piernas le flaquearon y cayó de nuevo. El maestro mandó entonces a Mitsue a avisar al señor Sasaki.