VILLAOLIVA: El entusiasmo aumentó con la puesta de sol. Y una vez...

El entusiasmo aumentó con la puesta de sol. Y una vez que los últimos fuegos artificiales desaparecieron del cielo, la multitud se encaminó con linternas de papel, hasta la orilla del río Ohta.
El señor Sasaki encendió, con sumo cuidado, seis velas, una por cada miembro de la familia. Las linternas estaban marcadas con los nombres de los familiares que habían perecido a causa de la bola de fuego. Sadako había escrito el nombre de Oba chan en su linterna. Tan pronto como las velas adquirían una llama viva, eran depositadas en el río Otha y se iban flotando hacia el mar como un enjambre de luciérnagas en la inmensa oscuridad del agua.
Aquella noche Sadako permaneció un largo rato despierta en su cama recordando todo lo ocurrido durante el día. Masahiro, pensó, estaba equivocado, La araña había traído buena suerte. Mañana se lo recordaría.
EL SECRETO DE SADAKO.
Comenzaba el otoño cuando Sadako llegó un día corriendo a casa con la noticia. Abrió la puerta de golpe y lanzó los zapatos al aire.
¡Ya estoy aquí! gritó
Su mamá estaba en la cocina preparando la cena.
-Mamá, ha sucedido la cosa más mara villosa del mundo!- dijo Sadako casi sin aliento- ¿A que no lo adivinas?
A ti te suceden tantas cosas maravillosas, Sadako chan, que no me puedo ni imaginar...
¡Me has elegido para correr con el equipo de relevos en los campeonatos de la escuela! dijo Sadako y comenzó a dar vueltas alrededor de la habitación con la cartera todavía en la mano-- ¡imagínate! Si ganamos formaré parte del equipo de la escuela del año que viene.
Y eso era precisamente lo que más anhelaba Sadako.
Durante la cena, el señor Sasaki habló largo y tendido sobre la honra y el orgullo de la familia. Hasta Masahiro parecía impresionado. Sadako estaba demasiado emocionada para comer. Se limitaba a sonreír, radiante de felicidad.
Desde entonces, Sadako sólo pensaba en una cosa: en la carrera de relevos. Prácticamente todos los días en la escuela y con frecuencia corría todo el camino de regreso a casa. Cuando Masahiro le cronometró el tiempo, con el reloj grande del señor Sasaki, todos se quedaron sorprendidos. " Quizá ", soñaba ella, " pronto seré la mejor corredora de toda la escuela ".