Muchas personas seguían falleciendo a causa de esa enfermedad. Aunque hacía ya nueve años que la bomba había caído sobre Hiroshima, el aire había quedado inundado de radiación, una especie de veneno que permanecía en el cuerpo de las personas mucho tiempo.
Sadako se comió el arroz en un santiamén y se tomó la sopa a grandes sorbos. Masahiro aprovechó para comentar que algunas niñas comen como dragones hambrientos. Pero Sadako no le prestó atención. Sus pensamientos estaban en otra parte; el Día de la Paz del año anterior. Le encantaba el gentío, la música, los fuegos artificiales, y podía saborear en su mente el delicioso algodón de azúcar.
Sadako fue la primera que acabó de desayunar. Al levantarse de la mesa, casi la vuelca. Era más alta de lo normal para su edad y sus largas piernas siempre tropezaban con algo.
Acaba Mitsue chan--apremió-- Sadako. Cuanto antes freguemos los platos antes podremos salir.
Una vez limpia y recogida la cocina, Sadako se ató las trenzas con unos lazos rojos y se plantó en la puerta de la casa a esperar impaciente.
Sadako chan-- le dijo su madre con dulzura- no saldremos hasta las siete y media ¿por que no te sientas tranquila hasta que sea la hora de irnos?.
Sadako se dejó caer sobre la estera de tatami,. Sus padres nunca tenías prisa por nada. Mientras esperaba sentada, observó una araña que se paseaba, atareada, de un lado a otro de la habitación. Una araña era señal de buena suerte. Ahora Sadako estaba convencida de que sería un magnífico día. Tomó la araña entre sus manos, con mucho cuidado, salió fuera y la puso en libertad. ¡Que tontería! dijo Masahiro--Las arañas no traen buena suerte.
Ya lo veremos--contestó Sadako alegremente.
Sadako se comió el arroz en un santiamén y se tomó la sopa a grandes sorbos. Masahiro aprovechó para comentar que algunas niñas comen como dragones hambrientos. Pero Sadako no le prestó atención. Sus pensamientos estaban en otra parte; el Día de la Paz del año anterior. Le encantaba el gentío, la música, los fuegos artificiales, y podía saborear en su mente el delicioso algodón de azúcar.
Sadako fue la primera que acabó de desayunar. Al levantarse de la mesa, casi la vuelca. Era más alta de lo normal para su edad y sus largas piernas siempre tropezaban con algo.
Acaba Mitsue chan--apremió-- Sadako. Cuanto antes freguemos los platos antes podremos salir.
Una vez limpia y recogida la cocina, Sadako se ató las trenzas con unos lazos rojos y se plantó en la puerta de la casa a esperar impaciente.
Sadako chan-- le dijo su madre con dulzura- no saldremos hasta las siete y media ¿por que no te sientas tranquila hasta que sea la hora de irnos?.
Sadako se dejó caer sobre la estera de tatami,. Sus padres nunca tenías prisa por nada. Mientras esperaba sentada, observó una araña que se paseaba, atareada, de un lado a otro de la habitación. Una araña era señal de buena suerte. Ahora Sadako estaba convencida de que sería un magnífico día. Tomó la araña entre sus manos, con mucho cuidado, salió fuera y la puso en libertad. ¡Que tontería! dijo Masahiro--Las arañas no traen buena suerte.
Ya lo veremos--contestó Sadako alegremente.