El poema breve ha sido nuestro
caballito de batalla. El viejo
poney hoy yace reventado
por el uso y el abuso
de sus obsesos y obesos jinetes.
Lo cabalgaron epigramáticos
caballeros de todas las layas;
Ezra hasta marearse girando
en el secular carrusel chino;
Bertoldo, el didascálico bávaro
partió en él montado al exilio.
Después medio mundo
lo ha cabalgado y hecho galopar
sin reposo, pienso ni abrevadero.
Desmóntalo antes que se te muera;
que pazca libre y expire en paz
en una cancha de fútbol suburbana
resoplando briznas polvorientas
cerca de unas carpas de gitanos.
Y cuando el infeliz penco muera,
disequémoslo, relleno de aserrín
para que se retraten en plazas
niños ecuestres y viejos poetas
mirando la cámara sobre sus lomos,
con ojos de vidrio triste y verde.
No es muy alegre, hablando del poema breve que tanto nos gusta, otra opinión o un sentir de ese momento que dejó reflejado de una manera diáfana, el abuso del que ha sido objeto nuestro querido poema breve, buenos días.
caballito de batalla. El viejo
poney hoy yace reventado
por el uso y el abuso
de sus obsesos y obesos jinetes.
Lo cabalgaron epigramáticos
caballeros de todas las layas;
Ezra hasta marearse girando
en el secular carrusel chino;
Bertoldo, el didascálico bávaro
partió en él montado al exilio.
Después medio mundo
lo ha cabalgado y hecho galopar
sin reposo, pienso ni abrevadero.
Desmóntalo antes que se te muera;
que pazca libre y expire en paz
en una cancha de fútbol suburbana
resoplando briznas polvorientas
cerca de unas carpas de gitanos.
Y cuando el infeliz penco muera,
disequémoslo, relleno de aserrín
para que se retraten en plazas
niños ecuestres y viejos poetas
mirando la cámara sobre sus lomos,
con ojos de vidrio triste y verde.
No es muy alegre, hablando del poema breve que tanto nos gusta, otra opinión o un sentir de ese momento que dejó reflejado de una manera diáfana, el abuso del que ha sido objeto nuestro querido poema breve, buenos días.