VILLAOLIVA: En un profundo bosque, allí donde Asia y Europa se...

En un profundo bosque, allí donde Asia y Europa se juntan, vivían, hace mucho tiempo, tres hermanos y una hermana. Pertenecían a una raza muy extraña. Jamás se había conocido a nadie parecido a ellos, pues no eran seres humanos, sino terribles duendes. Los hermanos se llamaban Tosefuego, Relámpagoligero, Hablalejos y, la hermana, Ojosbrillantes. Sus naturalezas correspondían a sus nombres.
Tosefuego, el mayor, era una especie de salvaje gigante que día y noche no hacía otra cosa que echar llamas y humo por la boca. Lo echaba con tanta fuerza que a su alrededor todo volaba, y nadie se atrevía a acercarse a él. Su alimento consistía, exclusivamente, en carbón de piedra y troncos de árbol.
Relámpagoligero tenía, en vez de piernas, dos ardientes rayos que terminaban en unas ruedas. Por todas partes tenía tendidos fuertes alambres y, sobre ellos movíase con tal rapidez que ningún animal de la tierra ni pájaro del cielo podía competir en velocidad con él. En un minuto era capaz de dar la vuelta al mundo entero y volver de nuevo a su bosque.
Hablalejos era un extraño enano que tenía una maravillosa habilidad. Era capaz de emitir cualquiera de los sonidos que se oyen sobre la tierra. Podía imitar las voces de los hombres y las de los animales. Uno creía estar escuchando a un amigo o a un pariente, pero no era así; era Hablalejos, que les imitaba. Además podía enviar su voz a los extremos más apartados del mundo, de forma que aunque estuviera al otro lado del globo se hacía oír perfectamente por quien él quería.
La hermana, Ojosbrillantes, era una mujer de piernas cortas y ojos ardientes como dos llamas. De esos ojos brotaba una luz cegadora que iluminaba toda la región como si fuera un fuego mágico. Pero cuando volvía sus pupilas hacia un ser humano, éste quedaba completamente ciego.
Así eran los cuatro duendes. Vivían juntos, se ayudaban con gran fidelidad unos a otros y por eso podían hacer todo lo que deseaban. Pero su comportamiento era siempre malo y causaba daño a la gente buena.
Tosefuego, valiéndose de su abrasador aliento, se divertía haciendo volar a las personas y a los animales que encontraba. Cuando sus desgraciadas víctimas caían se hacían mucho daño, rompiéndose algún miembro y llorando de dolor.

Es un cuento alemán, lo pondré en partes, tenemos una estupenda mañana para disfrutar.