ARRUMAZÓN: En marinería, conjunto de nubes
en el horizonte.
El interes que despierta en mi un filósofo
depende exactamente de su capacidad para
darnos un ejemplo.
Nietzsche
Alejandro has estado en mi pueblo y le has hecho
una foto a mi casa estoy encantado de la vida,
tengo esa esquina un tanto econchada antes de
verano habra que pintar, el invierno ha sido muy
duro te he segudo en otros pueblos, como Boedo, Loma,
Traspeña ya pensaba en contestarte, en Loma se nos fue
una prima de mi padre la Crisanta, un saludo y si no sucede nada
el dia 1 de Abril andaremosa por ahí.
El rey accede como puede
y reina como quiere.
Cada uno en su casa
es el rey.
Uno de estos espiritus malignos se valió
de la serpiente y persuadió a la mujer a
que comiese de la fruta del árbol que Dios
le habia prohibido. Esta la comio y dio a
comer de ella a su marido.
CLAUDIO FLEURY
Despues se hizo servir el
almuerzo en su camarote.
En cuanto a visitar la
ciudad, ni aiquiera lo pen-
saba, porque era de esa
clase de ingleses que hacen
visitar por sus criados los
paises por donde viajan.
Julio Verne.
"La prima Iris de Filadelfia era enfermera,
la prima isabel de Des Moines tenía una
floristería, la prima Flora de Winnipeg era
profesora, la prima Winfred de Edmonton, con-
table. Señoras solteras se las llamaba.
Solteronas era un término demasiado genérico,
no las describiría. Sus pechos eran grandes
e intimidantes -un solo bulto blindado-, y
sus estomagos y traseros, rebosantes y encor-
setados como los de cualquier mujer casada. ... (ver texto completo)
- Mafalda ¿Me preztaz tuz lapicez
de colodez?
MAFALDA- ¿Sabés donde están?
- Clado, padafrita pero no alcanzo
¿O pod qué crez que te loz pedí?
- ¡Qué caradura!
¿Y se los vas a prestar?
Mafalda- Que remedio.
"Amigo del alma, pero no te daré
lo que te falta.
Mientras el aristón no pensaba más que
en cosas fúnebres el otro hermano so-
ñaba con circos, trapecios y volatine-
ros, y esperaba que alguna vez la suerte
le proporcionaría el medio de cultivar
sus facultades de gimnasta.
Fray Jordi, que había perdido todas sus
grosuras y mantecas y ya no tenía panza
y paracia más joven, a todos acudia con
su esfuerzo y consuelo y a todos confor-
taba en la fiebre y quebranto. Y decia
a veces: hay buenos que nuestro señor
permite que sean punidos por merecer
más premio.
JUAN ESLAVA GALAN.
La sabiduria no viene tanto
de la inteligencia como del
corazón.
¡Mira vos, de pronto
este viento!
Mafalda- Puuuuucha... ¡Yo creí que
era que el país comenzaba a avanzar.
A las palabras de amor les sienta
bien un poquito de exageración.