OCTUBRE
Estaba echado yo en la tierra, enfrente
del infinito
campo de Castilla,
que el
otoño envolvía en la amarilla
dulzura de su claro sol poniente.
Lento, el arado, paralelamente
abría el haza oscura, y la sencilla
mano abierta dejaba la semilla
en su entraña partida honradamente.
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