El señor Sasaki aclaró la garganta y le preguntó
-Dime... si quieres alguna cosa.
Sadako negó con la cabeza. todo lo que quería era irse a su
casa. Pero ¿cuando? Tenía tanto miedo, que se le había formado un nudo en el estómago. Había oído, en varias ocasiones, que muchas de las personas que ingresaban en aquel
hospital ya nunca salían de allí.
Yasunaga, la enfermera, entró para pedir a la
familia que se fuera y dejara a Sadako descansar. Una vez sola, hundió su cara en la almohada y lloró largamente.
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