SOTOBAÑADO Y PRIORATO: La primera y principal dificultad de la mujer soltera...

La primera y principal dificultad de la mujer soltera embarazada, está en el rechazo y acusación que sufre por parte de su familia, que la considera culpable de un delito y la deshonra de toda la familia que se desentiende de su situación económica y personal, expulsándola de la familia con el mayor desprecio hacia ella y el de su futuro hijo.
Curiosamente, las familias económicamente menos favorecidas apoyan más a la futura madre soltera, al contrario de las familias de nivel económico más elevado, en las que anteponen el honor familiar y el prestigio social.
Es antes la norma que la persona. Una mujer con un hijo y sin marido no está bien vista. Así en el momento que más ayuda necesita, la familia la abandona a su suerte, sin saber nada del "escándalo". El hijo, que con un marido al lado se convertiría en una gran alegría, pasa a ser una gran desdicha.
La postura del padre del niño, que la mayor parte de las veces se evade por completo de su responsabilidad. En su mayoría se trata de hombres ya casados, (grandes ciudades) y novios en menor proporción. Tanto el hombre que no puede casarse como el que no quiere, le proponen el aborto como única solución y si no es aceptado se desentienden del asunto; otros desaparecen; los menos aceptan al hijo.
Aquí es donde comienza a surgir la injusticia en todo su esplendor. El señor que además de su legítima esposa tiene una amiga o sale a veces con otra mujer, decide ignorar las consecuencias de sus actos y se sumerge impunemente en su inmunidad de persona respetable. Luego está el novio, que parecía tan simpático y enamorado y que decide tomarse unas vacaciones un poco largas... Y mientras tanto, la mujer que no puede escurrir el bulto se queda con la consternación de saberse abandonada y la angustia de sentir crecer el vientre a la par que su vergüenza, su miedo... Miedo a que se enteren los amigos, vecinos, en el trabajo donde probablemente será despedida.
La única salida que tiene es acudir a un centro de acogida, normalmente regentado por monjas donde a las económicamente pudientes se les facilitará la mejor salida y se le dispensará mejor trato, mientras al resto se les recordará a la menor ocasión que están allí porque el fruto que esperan es hijo del pecado.