Que duro ha querido ser el destino con unos padres. Un angelito de séis años, al que sus padres y hermana le acompañan a ver la cabalgata, donde dan comienzo las fantasías e ilusiónes de los niños con las que se dormirán hasta la mañana siguiente; en un segundo se convirtió en drama.
Entre los caramelos tirados por las carrozas, rondaba la muerte que no perdonó.
El niño fue a coger los que su llamativo papel solo envolvían amargura y en unos segundos el lugar estaría pleno de dolor y llanto.
La muerte se lo llevó con todas sus ilusiones puestas en esa mañana que para él nunca llegó, exigiendo a sus padres el cambio de gozo por el dolor y un adios sin juguetes sinó de coronas. ¡Que amargura!.
Mi acompañamiento a estos padres en su dolor, deseándoles que su duelo se les haga llevadero. Un abrazo de consuelo.
Entre los caramelos tirados por las carrozas, rondaba la muerte que no perdonó.
El niño fue a coger los que su llamativo papel solo envolvían amargura y en unos segundos el lugar estaría pleno de dolor y llanto.
La muerte se lo llevó con todas sus ilusiones puestas en esa mañana que para él nunca llegó, exigiendo a sus padres el cambio de gozo por el dolor y un adios sin juguetes sinó de coronas. ¡Que amargura!.
Mi acompañamiento a estos padres en su dolor, deseándoles que su duelo se les haga llevadero. Un abrazo de consuelo.