¡Que buenas! Yo me tiraba media hora con una cuchara rascando hasta que dejaba la cazuela limpia que casi no hacía falta fregarla.
Se me hace la boca
agua recordando las sopas de esta clase que hacía mi abuela en la hornacha que había debajo de la trebede, en cazuela de barro, al fuego lento de la paja y el rescoldo que se hacía. ¡Un verdadero manjar para el paladar!. Se las consideraba
comida de pobres.