Es una pena que en el interior de este viejo
pórtico de la
Iglesia de
Payo de Ojeda sólamente se conserve uno de los dos viejos bancos laterales alargados que conocí en mi infancia. En ellos nos sentábamos los niños del
pueblo a la espera de entrar en el rosario. Cuando ya casi era de
noche, recuerdo que el sacristán del pueblo (Jesús "el manco") nos deslumbraba con una linterna que colocaba debajo del muñón del brazo que le faltaba y con la mano del brazo bueno nos daba algún que otro cariñoso manporro
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