En septiembre cuando acababan las fiestas traían para los empleados del ayuntamiento una baquilla, y se encerraban en la plaza de toros junto con los concejales el que quería salía al ruedo y el que no se que daba en el callejón, ferin era uno de los que se quedaban en el callejón y para gastarle una broma metieron la baquilla por el callejón y ferin se desmayo.
Siempre fue torero de salón, daba pases en el bar pero cuando veía la vaquilla de cerca le entraban unos nervios que en vez de uno parecían siete. A pesar de todo siempre fue el torero de Herrera.
El médico de la plaza (Guy) nos podría decir qué había en la botella. El agua, aunque fuera milagrosa, no le gustaba mucho.
El médico de la plaza (Guy) nos podría decir qué había en la botella. El agua, aunque fuera milagrosa, no le gustaba mucho.