Acaba de salir el sol. La niebla se va retirando poco a poco de las montañas. Es un momento mágico ver cómo el Curavacas despierta.
Los girasoles esperan la salida del sol.
De mañana temprano todo tiene otro color y otro sabor.
Piedra sobre piedra hasta el levantar un buen pilar para sostener esa pequeña cruz recuerdo de una pasado lejano.
Desde este valle se puede ver la grandiosidad del Curavacas, aqui con el esplendor de la nieve.
Bella estampa de una iglesia románica que prestigio a un pueblo.
Las nubes invitan a la imaginación.
Lugar, al que se puede llegar por un camino desde Villabermudo de Ojeda y tambien desde Zorita del Páramo y Sotillo de Boedo. Actualmente deshabitado, mi abuelo nació en ese pueblo.
Cuando una casa vieja se arregla y se pinta, es todo el pueblo el que también disfruta de ella.
¿Estamos en el desierto? Algo parecido.
Las posturas de sol son muchas veces una sorpresa de luz y color. La iglesia adquiere entonces una magia especial. Todo invita a disfrutar del momento.
El verano es seco, el agua escasea...
El campo está lleno de flores, aunque muchas veces no somos conscientes de la belleza que nos rodea.
Esta foto resulta curiosa, pues los rayos de luz parecen iluminar el pequeño montículo donde estuvo la ermita de Sta. Ana.
¿Una pirámide en La Vid? Pues, sí y es de piedra.