Querida marialuz, es para mi un orgullo y motivo de satisfacción enorme leer que te encuentras bien y ya recogida en la tranquilidad y sosiego de las paredes de tu
convento, después de pasar el
verano de la “ceca a la meca” (lo de la meca es porque pega)
Me lleve un pequeño disgusto el otro día cuando fui a por
agua a la
fuente y un señor tocado con una gran boina roja y un gordísimo pitorrillo me dijo que “una hermana” había preguntado por mí, enseguida supe que podías ser tu, ¿Cómo no me avisaste??
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