¿Por qué escribir aquí? Quizá un buen día, un encuentro no casual, aunque la casualidad nunca dejó de existir. La
iglesia de
Santa Cecilia, a los pies del
castillo, un noviembre nevado y alguna visita más al año siguiente. Ojos cautivadores, y lecturas de comprensión que más tarde se terciaron en un ir y venir de sentimientos desbordados. Presa,
parque y las
puertas de la
muralla, nada era comparable con aquel momento. Se desmoronó mi corazón y perdí a unas
amigas que un día me hicieron sentir bien.
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