Desde el coro se ofrece la mejor vista del interior de la iglesia, con su preciosa crucería.
El monte es, a veces, el gran desconocido. Y, sin embargo está lleno de sorpresas pues rezuma vida y color. Tanto te puedes encontrar con un cervato que te mira sorprendido como descubrir la belleza del brezo con sus flores.
Estamos en el baptisterio, con su pila bautismal y con un cuadro que recuerda la escena evangélica del bautismo de Jesús. Sin embargo, este rincón se ha convertido en el trastero de la iglesia. ¿Cuándo recuperará su sentido?
La pila bautismal románica con su bella cenefa está pidiendo a gritos su restauración.
En esta casa estuvo la fragua durante muchos años.
Es curioso: en este banco está grabado el diseño de los nervios del techo de la zona del presbiterio de la iglesia.
Me ha encantado ese comentario.
La casa duerme. La farola ilumina su deswcanso. Las persianas están bajadas. La calle brilla, tras la lluvia. Detras de la casa, la negra oscuridad.
La noche tiene su encanto, pero no suele momento para dar un paseo, y menos en invierno. Y, sin embargo, las calles tienen otros sabor. Hace frío. No se oye ruido alguno. Hasta los gatos descansan.
La nueve y el sol dan un encanto especial a la vista del pueblo.
¡Qué hermosa entrada iluminada con el sol de una tarde de invierno!
¡Qué bonita es mi tierra! Estando tan lejos de ella la nostalgia es mayor.
Eloy, desde Chile.
En la parte superior del presbiterio (zona oscura en la foto) están las estatuas de Santas Justa y Rufina, patronas del pueblo. Son una obra de arte pero no se podían sacar en procesión porque son huecas por detrás. Supe que ahora regalaron otras estatuas de las Santas que sí se pueden sacar. Felicitaciones a quien hizo el regalo. Eloy, desde Chile.
Cuando la sequí aprieta...
Antes este río estaba lleno de cangrejos. En remansos como este, bastaba con poner los reteles para cogerlos con facilidad. Pero eran otros tiempos...