Me han llamado
el mal nacido de todas las madres,
el ateo que corre por fuera de las
iglesias,
uno de los más canallas en el corazón
limpio y claro de mis damas,
el estiércol vivo que
danza por las
calles,
la melodía salvaje de las
flores,
el patrón de la soledad y la amargura,
el patán perezoso de nuestra querida sociedad,
aquél que ni siquiera un capital puede producir.
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